Viviendo, Escribiendo, Compartiendo.

El Ser Humano está aquí para darse a la humanidad. En la medida en la que puedas desprenderte de ti mismo, serás un humano distinguido.


21 de octubre de 2011

¿Coincidencia o Destino?



¿Cuántas veces no le hemos echado la culpa al destino por nuestra desgraciada fortuna? ¿O cuántas veces no le hemos atribuido sucesos maravillosos como obtener el mejor puesto posible en la oficina o traer a un forro de niña al lado? ¿O cuántas veces no hemos justificado la accidentada muerte de algún conocido a que era ya su destino la muerte? En alguna clase de Seminario de la Problemática del Hombre si mal no recuerdo, este tema se tocó.

Antes de seguir, me gustaría citar algunas de las definiciones reconocidas por la RAE para destino
  1. Fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos.
  2. Encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal.
  3. Circunstancia de serle favorable o adversa esta supuesta manera de ocurrir los sucesos a alguien o a algo.
  4. Consignación, señalamiento o aplicación de una cosa o de un lugar para determinado fin.
  5. Ocupación.
  6. Lugar o establecimiento en que alguien ejerce su empleo.
  7. Meta, punto de llegada.


He tratado ya el tema sobre las 'señales' aquí. De la misma manera, estoy segura de que las cosas suceden por algo y es donde entran las señales a obrar. Seguramente sonaré contradictoria pero, el destino no existe. No en el sentido místico que le achacamos de acuerdo a las conveniencias del afortunado o desafortunado momento que atravesemos. No.

Digamos que el destino es un suéter que se teje durante el día y por las noches, tienes la oportunidad de revisar sí diste o no las puntadas precisas para que quede espectacular. ¿Por qué? Simple. El destino se construye con el día a día. Si si, todos los días nos encontraremos con señales, señales mismas que nos hacen pensar que éso, ya lo hemos vivido en el pasado y que de alguna manera, se están manifestando en el presente los hechos ya vividos y es cuando nuestra idiosincrasia, nos hace llamarla destino.

Sí bien es cierto que creo, más bien estoy segura, que nacemos con cierto camino trazado, también es cierto que no necesariamente lo tendremos que recorrer. Al menos no como nos lo trazaron. Tenemos libertad de equivocarnos, de hacer y deshacer. De vivir y desvivir. De reír y de llorar. De cantar y de bailar. Entonces... ¿El destino realmente existe? 

Déjenme les comparto lo que creo que sí existe. 

Digamos que el día a día, nos colma de experiencias buenas, regulares, malas, pésimas y excelentes. Dichas experiencias, nos marcan y hacen que veamos y vivamos la vida de una manera distinta a la vista y vivida el día anterior. Para cada experiencia que vivimos, tenemos una vocecita que nos grita sí hay o no peligro. Esa vocecita se llama instinto. Otros le dicen corazonada y habemos otros que la definimos como una 'señal'.  Entonces, cuando una serie de eventos se escapan de nuestra voluntad, por nuestra experiencia pasada y por la vocecita interior que nos grita, es cuando creemos y afirmamos que es mero destino el suceso vivido. 

Alguna vez escuché en una película que la vida es un plano tridimensional en que los los puntos se unen hacia adelante, nunca hacia atrás. Tenía los dedos llenos de razón el escritor de ése guión. Nos vendemos tan bien la idea de que el destino existe que, por nuestra forma de ver la vida, creemos que los eventos que vivimos, se repiten. Y quizás así sea sin embargo, ya no somos los mismos viviendo doble o triplemente ese 'evento repetido'.

Ya mamamos experiencia, ya mamamos aprendizaje, ya mamamos vida. Ya en el espejo no está el ser humano aquel que saboreó por primera vez las mieles de una victoria ni la amargura de una derrota. Entonces, ¿por qué empeñarnos en seguir creyendo que el destino existe? ¿Por qué empeñarnos en caminar lo previamente trazado? ¿Por qué empeñarnos en que las experiencias que vivimos son parte de algún plan divino?

Quizás no sirva de mucho pero, todos necesitamos tener consuelo. Si si, consuelo. Consuelo para un triunfo, para una derrota, para un nuevo amor, para un desamor, para un viaje, para una despedida, para un encuentro o un desencuentro, qué sé yo. Y es precisamente la idea del destino, la que nos ofrece ese consuelo. Ese remanso de tranquilidad, ese bálsamo contra las heridas. Eso es el destino. Un parche para vivir o en algunos casos, sobrevivir la vida.

El destino es un suéter que se teje por el día y se revisan las puntadas por la noche. Así que, sí durante el día diste una mala puntada, durante la noche tienes la oportunidad de verificarla y corregirla. Por tanto, el destino lo puedes hacer y deshacer. No te equivoques ni te consueles o desconsueles, tejiendo telarañas en tu mente.

El destino eres tú. Son tus pasos del día, son tus logros de la semana, son las peras que te comiste, los tequilas que sudaste, las cogidas que gozaste, las filas que hiciste, los altos que te pasaste, los viajes que pospusiste. Vigila la manera en la que te conduces. Rectifica tus errores. Revisa tus pendientes. Pide perdón cuando lastimes, cuando omitas. Ríe cuando haya gozo. Llora cuando haya pena. Lucha cuando haya esperanza. Se humilde de corazón y agradece con el alma. Eso es precisamente el destino. Tus buenas o malas acciones son las que regirán tu vida las siguientes 24 horas. Recuerda que el destino eres tú en acción. 


5 de octubre de 2011

La Cerecita del Pastel.

Domingo 2 de octubre, 1640 hrs para ser precisos. Estaba ahí, a la salida de la central de autobuses de mi ciudad, esperando por mi cuando debió haber sido al revés. Si si, al revés, en eso habíamos quedado pero bueno, he de confesar que un no sé qué que qué se yo, me complicó mucho dormir la noche anterior y por ello, me levanté tardísimo y todo mi día, se retrasó.
Estaba en casa haciendo tiempo para encontrarle cuando sonó mi celular y claro, era él.
Ya voy para allá, respondí.
Sale, aquí te espero, respondió.
Quizás 15 minutos me tomó llegar a la cita. Pensé mil y un cosas, entre ellas, cómo lo iba a encontrar entre la multitud. Mensa que eres, me respondí. Lo encontrarás y si, así fue. Estaba a punto de llamarme porque ya estaba desesperado. Un tímido cómo estás, acompañado de un abrazo contenido, fue el saludo inicial. Por fin y luego de '5 años', conocía 'en cuerpo presente' al apreciado Al.
Caminamos, platicamos, caminamos, llegamos. Un café, unos chistes bobos, unas sonrisas y algunas carcajadas estruendosas, formaron parte de una esperada cita a la que he llamado, la cerecita del pastel. ¿Por qué? Déjame te digo:
No, no son cinco años sino casi dos los que teníamos de 'conocernos'. Pasó y hubo de todo en ese tiempo, como en botica. Si si, desde ojitos, sacadas de lengua, escupitajos a la cara, malos entendidos, resolución de los mismos, conocer personas extraordinarias a partir de ti, más malos entendidos, malos modos y malas caras mismos que llevaron a unos mails agresivos, un distanciamiento y... Creo que la oportunidad de valorar y sopesar lo bueno -buenísimo de hecho- y malo -casi nada- de tan peculiar amistad.
Una cita más que necesaria, la primera de hecho. Una cita que lo único que hizo fue refrendarme lo atinado que ha sido el paso de este ya casi par de años. Con todo y sus malos tragos porque gracias a ellos ahora puedo ver con mayor objetividad al espléndido ser humano que es mi amigo Alejandro.
Todo fue tan raro, tan familiar, tan como si lo conociera desde siempre que, no me queda más que pensar que si para algo ha valido la pena mi incursión en las redes sociales, ¡es porque lo encontré ahí!
Lo único malo de la cita, fue que tuvo un final pero pues, el primer paso ya se dio y ya habrá tiempo de que se dé un segundo, un tercero o un cuarto... O lo que sea pero que implique volver a tomarme un café con él.
Gracias por avisarme que venías y gracias por tomarte tiempo para un café. Cuando quieras, serás bienvenido y ya sabes, el aprecio y cariño que te profeso es ciento por ciento fraterno. Te admiro y estás inmerso en el selecto grupo al que denomino... AMIGOS ENTRAÑABLES.
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