Viviendo, Escribiendo, Compartiendo.

El Ser Humano está aquí para darse a la humanidad. En la medida en la que puedas desprenderte de ti mismo, serás un humano distinguido.


23 de marzo de 2011

Vacío.

- Tú no tienes alma - . Le dijo él con un dejo de desdén en su mirada.
- Claro que la tengo, que estés ciego y no la aprecies, es otra cosa-. Contestó y de un portazo, dio fin a un capítulo más de su vida.
Desolada, se echó al sofá de la sala. Sentía que el alma se salía por su garganta.
- No debí haber dicho nada, no debí haber caído en su juego-. Se repetía una y otra vez mientras golpeaba con su puño el cojín morado satinado.
Por un momento maldijo el día que lo conoció, el día en que, por primera vez, sintió el amor.

- ¿Qué nos pasó? - se preguntaba entre sollozos.
- Seguramente nos pasó que no estábamos enamorados, me vine a vivir con él apenas dos meses después de conocerle y... No ha sido fácil. Él entiende mi condición pero, no es suficiente. No es suficiente solamente amarse, algo falta, algo nos falta-.  Fue desvaneciéndose entre los cojines satinados del sofá.
Logró conciliar el sueño sin siquiera proponérselo. Tanto llanto, tanto dolor, tanto pensar y darle vueltas al mismo tema, la cansaron. Despertó entrada la madrugada para darse cuenta de que él había vuelto. Limpió su cara, enderezó un poco su ropa, acomodó su melena. Se puso en pié.

- ¿A qué has vuelto?- Preguntó con gran altivez ella.
- He venido por mis cosas, me marcho-. Respondió él entre sollozos, sin levantar la mirada siquiera.
Ella sintió que un mundo se le venía encima. Pudo pedirle que no se fuera. Pudo abrazar su cuello, colmarlo de besos, de caricias. Pudo incluso, usar su sexo. Si, su sexo. Ese bendito y dulce sexo que tantas veces, los había encontrado, desvivido, unido.

- Anda, te falta esto entre tus cosas-. Extendió la mano con un libro.
-Pero... Si es el libro que te regalé en Navidad-. Dijo él con un dejo de desesperanza.
- Dijiste que te llevarías todo, ¿no? Anda, cógelo o lo quemo-. Dijo con unos ojos llenos de ira, llenos de dolor, llenos de impotencia.
- Está bien, haré lo que tú quieras, como siempre ha sido-. Extendió la mano para alcanzarlo, no alzó su mirada congestionada de saladas y amargas lágrimas.
Ella se retiró de la habitación. Se condujo a la sala de estar, abrió la ventana principal y salió al balcón. Prendió un cigarro, miró el reloj. Eran las 0215hrs. La ciudad parecía tan entregada, tan ajena a su dolor y cómo no si era viernes. Todos pues, vivían mientras ella se iba muriendo con cada bocanada de humo, con cada grito, con cada sonar de objetos arrojados en una maleta sin fondo.

Pasó por su mente el día en que lo conoció. Sonrió. Sostuvo su cabeza con su mano mientras esbozaba una sonrisa fraguada de melancolía. Con la otra, prendía otro cigarro. Llevaba ya más de 10. 

- ¿Por qué no simplemente quedarme? ¿Por qué no simplemente hacer de cuenta que nada pasa? ¿Por qué no simplemente decirle que lo amo y que no quiero que se vaya?-. Se decía mientras fumaba, enjuagaba sus lágrimas entre el humo y los recuerdos.

Se reincorporó. Respiró profundo. Sentía que el 'Adiós' estaba por venir cuando...

- He empacado todo. ¿Estás segura que es lo que quieres, que es lo que nos vendrá bien?-. Exclamó él en tono suplicante mientras se acercaba a ella.

- No, no estoy segura pero, no sé si pueda seguir contigo. Te amo, te amo tanto pero... Nos hacemos daño-. Respondió ella volviendo la cara al balcón.

-Anda, podemos poner todo de nuestra parte. Empezar de cero si es necesario. Hacer de cuenta que no ha pasado nada, entregarnos de lleno a este sentimiento, sólo eso, sólo tú y yo-. Fue diciéndolo mientras se acercaba a ella.

Algo renacía en su corazón. Era la esperanza. Se sentía reconfortada pero, no quería que se notara y por eso, se aferró al balcón, no quiso dar la media vuelta, no quiso verlo. Sólo quería sentirlo.

- Vete, no lo compliques más. Vete, vete ya por favor-. Decía mientras se asomaba más y más por el balcón.

-No, no me digas eso, sé que podemos. Mira, siénteme. Siente cómo mi cuerpo responde ante tu cercanía-. Su virilidad parecía estallar, sus manos parecían conocerla perfectamente. 

-Aléjate de mi, vete de mi!-. Dijo con furia.
Él no podía dejarla, no así. Sabía que no estaba bien. Su corazón le decía que la amaba y que ese amor le hacía daño pero, no podía dejarla. Ella mientras, se aferraba más y más al balcón, como si con ello no le doliera ese 'Adiós'. Contuvo el llanto, la respiración, el aliento. De pronto, sólo vió una salida.

-Anda Cielo, ven conmigo, arreglemos esto donde sabemos que quedará arreglado. Entreguémonos nuevamente, como si no hubiera ni ayer ni mañana-. Le decía él mientras tocaba su cintura.

 - He dicho que te alejes!-. Dijo con fuerza, quizás la misma fuerza que la hizo perder el equilibrio y...
-Cielo, cielo... Cielo... ¡NO!-.
 
 Exclamó con profundo y desgarrador él mientras veía cómo su amada, se escapaba por un balcón a las 0300 de la madrugada




 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 

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