Hablar de ‘Confianza’, es hablar de cosas ‘muy fuertes’ dijera mi abuelita. En parte, he de concederle razón; ‘Confianza’ es una simple palabra que encierra un millón de cosas y todas ellas, nada sencillas de guardar.
En lo personal, cuando hablo de ‘Confianza’ me remonto en automático a mis clases de Organización Industrial de la uníversidad, séptimo semestre si mal no recuerdo. Y lo que recuerdo perfecto, es que quien daba dicha cátedra, era Daniel Vázquez Cotera; uno de los tantos amores de mi vida, jeje.
¿Que por qué me remonto a esas fechas? Pues porque gracias a él, conocí a Francis Fukuyama, un gran socio-politólogo, si es que existe dicha categoría, con una visión excepcional mismo que ha escrito magistralmente obras en las que con su singular y aguda visión, describe tanto las miserias humanas como las organizacionales, gubernamentales e institucionales. Para mi, su obra Trust: The Social Virtues and the Creation of Prosperity, es la más significativa, la más descriptiva del género deshumano que ahora impera.
No ahondaré mucho en el libro, no se necesita ser experto para entenderle a fin de cuentas, concluye que el Ser Humano tiene sed de ser reconocido ante la muchedumbre no sin antes hacer un minucioso análisis a cuantas formas organizacionales puedas imaginarte en donde lo que impera, es la ‘Confianza’. Tal vez lo que te llame más la atención, en caso de que lo leas, es el papel que juega ésta misma en organizaciones como la Mafia China o Italiana; el grado de ‘Confianza’ que en ellas prepondera. Suena irónico, ¿verdad? Pero... El azar, el hado, la suerte, el destino, la vida o como se llame exactamente lo que con tantos nombres definimos, está hecho pues, de purísima ironía.
Lo que quiero abordar no es lo anterior ni tampoco quiero hacer un tratado sobre ‘Confianza’, no. Antes que nada, déjame mencionarte al menos cuatro de las doce acepciones que la RAE reconoce sobre ella:
- Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.
- Con reserva e intimidad.
- Pacto o convenio hecho oculta y reservadamente entre dos o más personas, particularmente si son tratantes o del comercio.
- Familiaridad o libertad excesiva.
¿Te reconoces a ti en alguna de estas? ¿Reconoces acaso que has fallado o te han fallado en alguna de ellas? ¿Reconoces un halo de verdad en ellas? O lo que es mejor, ¿Has quebrantado alguna de ellas?
Seguramente la respuesta será SI, SÍ lo he hecho. Por supuesto que lo hemos hecho, finalmente somos humanos, ¿qué no? Lo malo, es que cuando lo hacemos, nada vuelve a ser como antes de tan fatal evento.
Digamos que la ‘Confianza’, es algo así como una vasija, aquella preciosa que reservas celosamente para coronar con las flores más bellas que engalanan tu casa, aquella que colocas en el sitio que mejor la haga lucir, que mejor le siente el pavoneo al portar las hermosas flores que destinas para ella.
¿Por qué la analogía con una vasija? Simple; la ‘Confianza’, es pues, uno de los mayores tesoros que el Ser humano puede alcanzar y que a su vez, puede desechar. Tal como las vasijas, conservamos y preservamos aquellas que nos agradan no sólo por su hermosura sino también por su funcionalidad, eso mismo hacemos con la ‘Confianza’.
Cuando alguien te pregunta ¿puedo confiar en ti? Lo hace más que nada en un tono de súplica, en verdad no le interesa que pueda o no confiar en ti. Cuando lo hacemos pues, digo, tanto tú como yo hemos estado en esa situación, hemos hecho esa pregunta y es nada más y nada menos, porque nos sentimos desvalidos, desprotegidos e incluso, desesperados. Y es bajo el escudo de esta pregunta, que esperamos cierta aprobación, ciertas frases para reconfortarnos o para guiarnos, según sea el caso.
Lo malo, es que a menudo casi siempre, no es de ‘Confianza’ dicha persona, a la larga sucede que dicha persona, fue una especie de espejismo ante nuestra desesperanza. Es por eso que hablar de ‘Confianza’, es hablar de algo muy fuerte, de algo prácticamente intocable, un tema que mueve las más arraigadas fibras, las más viscerales emociones, las más oscuras pasiones e incluso, los más oscuros y tenebrosos secretos.
Hablar de ‘Confianza’, es pues, una gran fábula de la cual somos narrador y actor ya que todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos preservado con gran recelo la vasija aquella con las más hermosas flores y se la hemos entregado a alguien más, con la ‘Confianza’ de que esta, sabrá qué hacer con ella, sabrá dónde ponerla para que luzca mejor.
Sin embargo, es el paso del tiempo el que nos enseña que aquella persona no era la adecuada para entregarle dicha ‘vasija’. Sucede que a menudo esa persona se olvida de cambiarle el agua a las flores en el mejor de los casos claro porque también puede ocurrir que deje marchitar a las mismas o lo que es peor, que en el intento de renovar el contenido, se le escape de entre las manos y caiga directo al piso y se rompa en miles de pedazos.
Lo que seguramente ocurrirá, es que quien le haya otorgado tan preciada vasija, se sienta triste, herido, dolido e incluso ofendido. Lo que también seguramente ocurrirá, es que a quien se le haya escapado de entre las manos, a fin de enmendar semejante catástrofe, intente pegarla con Loctite y que, de primera instancia, luzca bien, sólo con unas pequeñas imperfecciones mismas que a la larga, regarán el contenido de la vasija.
La ‘Confianza’, al igual que una vasija, una vez que toca suelo y se rompe, por más que quiera uno enmendarla y repararla simplemente, no queda igual; siempre hay una imperfección que se ve, que se palpa, que por más que pretendamos que no existe, ahí está y tal pareciera que nos sonríe como diciendo:
‘Mírame, mírame bien y no olvides que por mi, tu vasija no es la misma ni tampoco olvides que por mi, la persona a la que se la entregaste, tampoco es ya la misma’.
Así que, más vale que cuidemos a quiénes entregamos nuestras vasijas y que cuidemos aún más, las vasijas que nos entregan ya que ellas son pues, la ‘Confianza’ que otro ser humano, tiene a bien depositar en nosotros, otros seres humanos con las mismas o quizás más fallas que en un principio.
